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De retenciones, caminos rurales y ventajas comparativas a la David Ricardo

  • Foto del escritor: Emiliano Damonte
    Emiliano Damonte
  • 7 jun
  • 3 min de lectura

El país sigue acorralando en sus decadentes caminos y acogotando con retenciones a la gallina que le da huevos de oro, y así y todo nos consolidamos como el tercer país agroexportador del mundo. ¿Qué pasaría si generáramos condiciones para que el campo argentino creciera hasta el máximo de su potencial en lugar de usarlo para financiar proyectos de otros sectores o nuestros vicios y falencias?


David RIcardo y su Teoría de la ventajas comparativas
David RIcardo y su Teoría de la ventajas comparativas

El viejo Don David

En su Teoría de las ventajas comparativas, David Ricardo nos explica por qué dos países desiguales pueden beneficiarse del comercio, aunque uno sea más eficiente que el otro. Plantea que cada país debe especializarse en aquello que produce con menor costo relativo, y no necesariamente en aquello que produce mejor en términos absolutos.


Aclaro que suelen asustarme las personas que muy frescas analizan el mundo a la luz de tipos que lo observaban hace más de doscientos años. David vivió a caballo de los siglos XVIII y XIX y desarrolló sus teorías en plena Revolución Industrial, en un período de expansión exponencial del comercio internacional, de consolidación del capitalismo británico y de debate sobre libre comercio, renta de la tierra, salarios y distribución de la riqueza. Era un momento inédito por volúmenes y alcance y eran necesarias respuestas. En algunos aspectos, el mundo ha cambiado tanto que ya es difícil analizarlo desde la perspectiva de estos tipos enormes, pero a veces lo que nos dejaron puede servirnos para reflexionar sobre lo que vemos hoy.


Argentina se consolida como el tercer exportador agrícola mundial.

Un sector acostumbrado a producir bajo las siete plagas todas juntas y en sus peores formas imaginables encontró una coyuntura geopolítica favorable y dos años seguidos de clima adecuado para la producción y explotó. Y todo esto en un país que tiene una red de caminos que hubiera sido vergonzoso tener en el siglo XVIII y que hace llegar la mercancía a los puertos a fuerza de maña y sobrecostos.


La campaña 2024/25 dejó al país como el tercer mayor exportador mundial de commodities agrícolas, detrás de Brasil y Estados Unidos. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, el país exportó 97,5 millones de toneladas de productos agrícolas, impulsado por la recuperación productiva de la soja, el maíz y el trigo.


El ranking global quedó encabezado por Brasil, con 174,2 millones de toneladas, seguido por Estados Unidos, con 170,6 millones. Argentina ocupó el tercer lugar, por encima de Rusia, Canadá, Ucrania, Australia, India, Paraguay y Kazajistán.


El Gran Rosario volvió a ubicarse como el principal complejo portuario granario del mundo. Durante 2025 embarcó 75,7 millones de toneladas de granos, aceites y subproductos, superando al distrito aduanero de Nueva Orleans, que despachó 74,8 millones, y al puerto brasileño de Santos, que alcanzó 60 millones.


¿Qué pasaría entonces si reforzáramos lo que nos hace fuertes?

¿Qué pasaría si en lugar de castigar al campo con retenciones y financiar proyectos con la plata que produce lo usáramos para potenciar sus posibilidades al máximo como nos sugiere desde la noche de los tiempos don David Ricardo?


FADA informa que las cadenas agroindustriales generan en Argentina 4.200.283 puestos de trabajo, equivalentes al 22,4% del empleo privado nacional y al 18,7% del empleo total del país, incluyendo el empleo público.


¿Qué pasaría si se creara un mecanismo de ventajas y beneficios similar al RIGI pero para el campo argentino, que ya lo tenemos armadito y le da laburo a millones de personas?


Qué sé yo, debe ser que extraño el campo y en esta tarde de lluvia me puse nostálgico. Por eso El Aguijón se puso telúrico, se calzó las botas y ensilló el criollito para recorrer junto a don David, que se agarraba la cabeza cuando le contaba que a esta gallina de los huevos de oro, en lugar de construirle un all inclusive, la seguimos acogotando.


Salutación

Y mientras tanto amici miei, más que nunca: incomodidad, espíritu crítico, acidez estomacal, que se les rompa el sillón, el banquito o la reposera (siendo otoño que se les vuele el poncho o se les de vuelta el paraguas), les auguro dolor de ancas e inflamación del ciático para que no se queden tranquilamente sentados en los miedos del pasado, los relatos del presente y las promesas del futuro, y sobre todo: solidaridad, empatía, respeto por la dificultad del otro, generosidad y paciencia, espíritu crítico que más no se pueda, ojos abiertos y equilibrio emocional.


Es el augurio de El Aguijón, que está de vuelta...





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