El llanto de Venezuela no tiene consuelo: las morgues llenas de un incierto número de cadáveres por el terremoto
- Emiliano Damonte
- hace 2 días
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El gobierno de Delcy Rodríguez decretó siete días de duelo nacional a una semana del doble terremoto que golpeó Venezuela. El último parte oficial reconoce 2.295 muertos y 11.267 heridos, pero la cifra real de víctimas sigue bajo fuerte controversia por la opacidad oficial, el colapso de las morgues y los reportes de funcionarios y forenses que hablan de números mucho más altos.

La presidenta encargada dijo que Venezuela tiene “el alma rasgada” por las pérdidas humanas y aseguró que la prioridad oficial es proteger la vida de los sobrevivientes. Sin embargo, las cifras difundidas por el gobierno son puestas en duda por fuentes humanitarias, funcionarios públicos y personal forense que trabaja en la zona cero.
El dato más sensible aparece en La Guaira, especialmente en Catia La Mar y Caraballeda. Según cálculos mencionados por Jorge Rodríguez, unas 30.000 personas estaban en la zona en el momento de la tragedia. De ellas, alrededor de 13.500 habrían salido por sus propios medios y unas 6.500 fueron rescatadas. Esa cuenta deja un universo de unas 10.000 personas sin explicación clara, cifra que coincide con estimaciones extraoficiales de víctimas mortales y con las 10.000 bolsas para cadáveres gestionadas por Naciones Unidas.
La sociedad civil, en cambio, sostiene que casi 40.000 personas no han sido localizadas después de siete días, aunque también registra más de 15.700 personas encontradas. En paralelo, forenses consultados por La Nación describen condiciones deplorables de trabajo, falta de insumos, ausencia de bioseguridad y morgues saturadas. Según esos testimonios, se habrían recibido más de 5.000 cadáveres en la zona marítima y al menos 600 en Caracas.
En el terreno todavía conviven escenas de muerte y milagro. Brigadas de voluntarios y rescatistas siguen buscando sobrevivientes, aunque algunos equipos internacionales ya evalúan que las chances de encontrar personas con vida son muy reducidas y que debe comenzar una segunda etapa de la emergencia: identificación de cuerpos, asistencia a damnificados, refugios, salud y reconstrucción.
Las réplicas agravan el miedo. El gobierno contabilizó 782 hasta el miércoles, mientras crecen campamentos oficiales y espontáneos de personas que no se animan a volver a edificios dañados. En Petare, unos 150 chicos duermen en carpas junto a sus edificios resquebrajados, asistidos por voluntarios que reparten comida y abrigo.
La tragedia también está atravesada por denuncias contra fuerzas de seguridad. Se registraron casos de policías que robaron dinero entre los escombros, entre ellos un agente judicial y otros tres funcionarios que fueron detenidos y expulsados tras la viralización de videos. Las autoridades prometieron no tolerar actos de corrupción ni abusos en medio del dolor de las víctimas.



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